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Pitillo (PE): payaso y empresario

27-07-2012

Pitillo y su cómplice canino. Foto: Enrico.

Pitillo es un gran payaso peruano que, después de recorrer el mundo y realizar algunas presentaciones en Lima, ha decidido poner su propio circo, al que ha bautizado como el Circo de la Alegría. Allí, además de su famoso espectáculo con el violín y de su trabajo con perros amaestrados, presentará a los Black Angels, acróbatas venidos desde Kenia (África), los Hoola Hoops (malabaristas mexicanos) y mucho más. El espectáculo está en el Jockey Club y las entradas se venden en Teleticket (Wong y Metro).

¿Un artista es de donde come?
Claro. La nacionalidad del artista depende del lugar donde trabaja. Esto me lo enseñó el dueño del circo Tihany, para quien uno debe ser agradecido con el lugar donde está, con el público que nos acoge, que nos ve con cariño.

Además, el lenguaje del circo es universal…
Sí, por eso yo defiendo la pantomima, el humor blanco. El circo es un pasaporte que te permite transitar por países y culturas, sin estar impregnado de localismos. Por eso puede funcionar en cualquier lado.

Además, el circo es una síntesis de diferentes destrezas del ser humano…
Claro. El circo es una parábola de la humanidad. Hay destreza y belleza, pero también está el hombre torpe, que refleja lo que nosotros queremos esconder: el ridículo. El payaso viene a ser el orgullo de la vergüenza. La dramaturgia del circo se basa en el payaso, porque este no solo te puede hacer reír, también te puede hacer llorar gracias al ‘realismo instantáneo’. El payaso, más que un humorista, es un provocador: de acciones, sensaciones y emociones.

¿El payaso es el alma del circo?
Desde siempre fue el invitado inesperado. Como sabes, el circo moderno nació como un espectáculo ecuestre. El payaso entró para distraer a la gente mientras se recogía el excremento que los caballos habían dejado en la pista. ¡Qué manera de entrar a un espectáculo (ríe)!, pero terminó robándose el show porque sin payaso no hay circo. Los payasos estamos al servicio del espectáculo, pero no queremos ser las estrellas. Ni siquiera en mi circo nos hemos planteado esto porque nuestra tarea es más humilde… pero la humildad cautiva.

Te parece maniquea la imagen del payaso que llora y sufre mientras nos hace reír…
Una cosa es la realidad y otra es el estereotipo, todos tenemos días buenos y días malos. Todas las artes han vendido muy bien este estereotipo, pero, honestamente, te digo lo siguiente: no hay mejor trabajo que estar rodeado de gente que quiere reírse contigo, de vivir en constante jolgorio y, encima, ser remunerado. No hay payaso por obligación, uno está acá porque nos gusta.

¿El payaso nace o se hace?
Ser payaso demanda un gran compromiso, implica una gran búsqueda interior. Yo siempre trato de desmoralizar a los candidatos porque el de payaso es un oficio muy serio y no se aprende en una escuela, pues la ‘titulación’ de un payaso la hace el público. ¿Y sabes cuál es nuestro diploma? Un contrato, cuando una empresa decide invertir en tu trabajo. ¿Y sabes cuáles son los buenos payasos? Los que resisten, los que, a pesar de todas las contrariedades, permanecen.

¿Cuáles son tus instrumentos?
La música, los animales y la gente. Cada payaso descubre sus instrumentos y los explota. A mí me encanta la pantomima, un lenguaje que para muchos es obsoleto, pero que en el circo alcanza actualidad porque el circo es para ver, no para escuchar. Ahora, yo interactúo con el público, pero siempre con respeto, no lo hago quedar como el tonto.

¿Qué te ha llevado a tener tu propio circo?
Tuve dos motivaciones: primero, mi hija, quien vive en Lima y a quien veo poco. La factura de este trabajo la ‘cobran’ los hijos. Por mis giras no puedo convivir con ella. Segundo, darles a mis compatriotas la posibilidad de ver un espectáculo que está a la altura de los grandes circos de Europa. Los artistas que vienen han trabajado conmigo y han demostrado su talento en todo el mundo, por eso los he invitado. Este es un espectáculo que vale la pena, y no lo digo por desmerecer a nadie, pero si no traemos lo mejor, cómo sabrá el artista de circo lo que es bueno, cuál es su nivel; cómo sabrá el público si lo que ve vale la pena.

En el circo, ¿por dónde va el talento de los latinos?
Los mejores trapecistas son los mexicanos; los mejores alambristas, los colombianos. ¿Los mejores payasos? Antes se decía que los rusos, que los italianos, que los chilenos, pero esto ha cambiado y hoy te puedo decir que tenemos un payaso de talla mundial: César Aedo. Por eso, creo que ya hay una escuela latinoamericana de payasos.

¿Y en qué nivel estás?
Soy un mal payaso. No me gusta verme actuar. En realidad, soy un payaso muy afortunado porque soy reconocido en mi país, lo que no les pasa a muchos artistas circenses.

AUTOFICHA

- Me llamo Hugo Muñoz. Mi padre fue payaso. Nació en Chile y de él heredé hasta mi nombre artístico: Pitillo. Tengo una hija, quien vive en Lima. Por ella estoy acá.

- El Circo de la Alegría tiene mucha calidad, artistas de todo el mundo, y sus precios están al alcance de todos: hay entradas desde 30 soles.

- Profesionalmente, llevo 15 años de payaso, pero actúo desde niño. Por suerte, tengo para muchos años más pues, en el circo, este es el oficio más longevo.

 

Fuente: http://peru21.pe

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