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Manifiesto a favor de la presencia de los animales-artistas en los circos

El Centro Mexicano de desarrollo de las Artes Circenses ha podido plantear un programa de desarrollo de este arte a futuro, siempre con la conciencia de que resulta necesario investigar sobre el pasado de esta manifestación artística con mayor profundidad. Y aun cuando no hemos elaborado un texto definitivo que transmita los criterios sobre los cuales nos fundamentamos, en nuestro ambiente permean ciertos principios que dan soporte a nuestras actividades culturales:
El circo es una actividad desarrollada por los seres humanos desde hace milenios que dejó registros a través de la pintura rupestre, códices, estatuillas de barro o espacios arquitectónicos donde se celebraban estas actividades. La esencia del circo no ha variado a lo largo de centurias, pero sí ha modificado su filosofía de constituirse en una actividad de exhibiciones de habilidades al desarrollo de un concepto artístico y estético de magnas dimensiones, que está basado en el riesgo corporal del ser humano, usando sus propios medios para lograr sus objetivos artísticos como la incorporación de animales, vestuarios, música, etc. Riesgo que emociona por igual a las generaciones actuales pero que hoy se asume con el máximo de seguridad técnica posible.
Debemos apreciar que las manifestaciones circenses son más antiguas que todas las artes representativas como el teatro, la danza, la coreografía, la pintura, la escultura, etc. La mayoría de las imágenes que construyen los artistas circenses en la escena se basan en la “parada de manos” o en los “saltos acrobáticos”, por tal razón, dicen los investigadores chinos que antes de que los seres humanos tuvieran idea o necesidad de la “representación”, ya ejecutaban saltos mortales por necesidades de sobrevivencia, para la caza, o entrenamientos militares. Por su parte, los investigadores rusos adjudican al circo ser el arte más antiguo de la humanidad en la medida que incluye en su estructura todas las artes escénicas, ellos dicen que no podemos entender el circo sin teatro, sin danza, sin música y van más lejos aun diciendo que de las pantomimas circenses surgió el teatro, la danza y la música de forma escénica.

El circo se desarrolló desde sus inicios con animales. Desde el momento mismo en que el ser humano inició la ardua tarea de trasladarse desde un punto del orbe a otro, lo hizo siempre acompañado de sus bestias que le sirvieron para su desarrollo personal y en su actividad expansiva y colonizadora. Está claro que esta actividad no sólo fue una relación de beneficio, sino que el hombre en su interrelación cotidiana cobró un tremendo respeto y cariño por esos seres que lo acompañaron en sus tareas, al punto tal de construir una relación afectiva.

Los animales han estado siempre allí en todas las actividades de los seres humanos. Si podemos entender al animal en las arduas tareas del campo, en su interrelación pedagógica con el hombre a través de los zoológicos, como compañía de niños o adultos en las grandes ciudades, como alimento del ser humano mismo o incluso como receptor de pruebas de laboratorios médicos que buscan soluciones a las enfermedades que aquejan a los seres humanos, no entendemos por qué el animal no pueda acompañar al hombre en sus nobles tareas escénicas que los magnifican a ambos ante los ojos de miles de espectadores.

Hombre y animal en el escenario o en la pista de un circo son actividades que demuestran las enormes posibilidades de sublimación de ambos en el arte, el animal al igual que el ser humano (al final animal también) tienen todas las posibilidades de crear un discurso escénico que maraville y sorprenda a los seres humanos, fundamentado en un trabajo de entrenamiento constante, tesonero y responsable.

Afortunadamente en México que tenemos más de 500 circos con animales, nuestro Centro tiene celebrado un convenio con algunos de ellos cuando pasan por la ciudad de Puebla, para que nuestros alumnos interesados en las técnicas de entrenamiento de animales puedan acceder a saberes milenarios, regidos siempre por una política de respeto y cariño al animal, reconocimiento de sus derechos (correcto cuidado y limpieza, alimentación oportuna y adecuada, utilización de premios y no de castigos en su entrenamiento), que enriquece su formación escénica.

En su afán de llegar a los puntos más recónditos del planeta tierra, tanto el hombre como sus bestias fueron abandonando sus propios hábitats naturales, por lo que razas que provenían de lugares cálidos se trasladaron a fríos y viceversa adaptándose a nuevas condiciones, vegetaciones y espacios de vida. Esto fue marcado por el carácter trashumante y nómada de los seres humanos. De la misma manera que estamos seguros sucedería cuando el ser humano tenga que habitar otros planetas por razones de garantizar su existencia. Para entonces, es factible presumir que se trasladará con una rica variedad de seres vivos, y la única manera de hacerlo es conociendo sobre técnicas de entrenamiento que desarrollan la comunicación entre el hombre y el animal.

En este contexto lo que el Estado, las autoridades y las organizaciones deben asegurar es el BIENESTAR de los animales en cualquier lugar que estos participen, sin llegar al extremo de prohibir, filosofía que no corresponde a la mentalidad de las naciones que se jactan de un nivel desarrollo.

Por otra parte, es natural entender la diversidad que el circo ha desarrollado en las últimas décadas. El éxito del Cirque du Soleil, del Cirque Eloise y de 7 doigts de la main (Siete dedos de la mano), son propuestas novedosas pero están dirigidos a públicos adultos con pretensiones estéticas específicas, acostumbrados a leer imágenes y que por lo regular son públicos que tienen una formación teatral y pueden pagar los elevados precios de entrada para ver esas obras.
En cambio, el circo tradicional fundamentó su trabajo con payasos y animales, tiene un público eminentemente familiar, de todas las edades y es un espectáculo más democrático porque está al alcance del bolsillo de las mayorías. Prohibir el uso de animales implica perder el último espacio de diversión que queda a los sectores pobres de nuestra población, o por lo menos, a las de más bajos recursos, pero también es prohibir un espacio donde la familia se integra y se divierte de manera colectiva.

Por tal motivo, el circo tuvo alcances populares de mayor envergadura. Aunque un ser humano no le interese el espectáculo circense, va por lo menos tres veces en su vida, de niño cuando lo llevan sus padres, de joven llevando a sus hijos y finalmente llevando a sus nietos a divertirse en este espectáculo. El circo con payasos y animales siempre será un referente de los momentos agradables de nuestra infancia. Es común ver que haya gente que nunca haya asistido a ver el ballet clásico o la Ópera, o incluso el teatro. También debemos considerar que el drama tuvo mayor aceptación entre las clases ricas mientras que la risa y la diversión del circo se posicionó mayormente entre las clases económicas menos favorecidas, de allí su arraigo popular. Además, la trashumancia de la carpa y sus artistas permitió que el circo llegara a puntos más distantes de nuestra geografía generando tal vez, la única experiencia escénica que han tenido muchos de los colombianos.

El circo representa una de las más nobles tareas humanas, porque debemos entenderlo así como una manifestación cultural tanto de Colombia como de la humanidad entera, brotó del inconsciente colectivo de la sociedad mundial y cada país le otorgó su propio sello cultural siendo una escuela de valores, en su momento, el traslado de grandes zoológicos se convirtieron en clases de zoología viva, cuando el ser humano desconocía totalmente las especies que existían al otro lado del planeta, y el circo llamaba a las multitudes a conocer estas especies entonces extrañas traídas de lugares recónditos del orbe.

Todavía hoy, en ciudades medias que no poseen un zoológico entre sus atractivos locales, el circo sigue siendo el espacio adecuado donde la población se interrelaciona con los animales que son parte importante del espectáculo y tal vez la única posibilidad de conocerlos en vivo a lo largo de su existencia. La virtualidad, la televisión y las computadores son tan solo una referencia de algo que su riqueza está centrada en poderlos experimentar en vivo.

Es circo se convirtió a lo largo de los años en el Espectáculo Más Grande del Mundo porque tuvo la capacidad de atraer a grandes y pequeños, públicos de todas las edades, su discurso narrativo combinó la fortaleza de los seres humanos, la magia, cuerpos volando por el espacio, hermosos ejemplares de animales traídos desde tierras extrañas, el espíritu aventurero de sus protagonistas, bellas mujeres ejecutando actos asombrosos, el montaje de carpas fabulosas, cuerpos que se contorsionaban, saltaban o se equilibraban a gran altura sobre el filo de un alambre, estruendosas bandas de viento, todo para crear una atmósfera incomparable que echara a volar la imaginación de los innumerables espectadores.

La participación del animal en la escena es un trabajo serio y responsable, basado en el buen trato a los animales y el circo lo desarrolló a lo largo de centurias otorgándoles un conocimiento específico que sólo ellos supieron desarrollar. De la misma manera que la gente de circo sabe cómo ejecutar saltos mortales, también conoce de las enfermedades de sus animales porque han convivido con ellos a lo largo de su vida. Nadie conoce mejor el tratamiento de las especies grandes, su bienestar y su salud que la gente de circo, dado que ha constituido su patrimonio de trabajo por los siglos, por ende el circo se convirtió en el hogar de los animales, pero especialmente de las especies grandes, cuando estos se relacionaron de una manera más íntima con el ser humano.

Muchos veterinarios han aprendido de las observaciones que la gente de circo les han comunicado sobre la sintomatología o comportamiento de sus animales, esa interrelación milenaria les ha otorgado un conocimiento empírico que ningún otro grupo humano desarrolló, por lo que resulta ilógico suponer que nuevos grupos, supuestamente “defensores de los derechos de los animales” quieran saber más que los que han batallado junto con ellos a lo largo de su existencia. Esto al igual que otros saberes empíricos no les ha sido reconocido a la gente de circo, por lo que hoy la Universidad Mesoamericana de Puebla está empeñada en revertir este proceso y reconocer de manera oficial los saberes del circo, sistematizándolo y teorizándolo para dar cuerpo a una profesión, a partir de las necesidades que el mercado de trabajo está produciendo bajo lo que se conoce como industria cultural circense.

Por lo tanto, como institución universitaria entendemos, que solamente a la gente de circo le corresponde tomar decisiones sobre el tema, por herencia de una actividad que manejó desde hace siglos, puesto que entendemos que el tiempo tiene fundamento en el derecho.

Las instancias gubernamentales correspondientes, como los diversos grupos de organización social pueden ayudar a la gente de circo en esta tarea y en su caso exigir el correcto manejo de los animales, pero prohibirle una de las disciplinas más importantes de su actividad, es cercenarle el alma al circo, es desaparecer la actividad y lo mejor de sus expresiones. Pareciera como que hoy, las nuevas generaciones quisieran borrar de tajo todas las actividades tradicionales que el hombre desarrolló en el pasado, posturas que atienden más a una filosofía maoísta de reconstrucción social a partir de las cenizas.

No existe actividad en el hombre que no tenga un correspondiente en el consumo. Es decir, si el pueblo no quisiera ver animales en los espectáculos circenses sencillamente dejaría de asistir a verlos y desaparecería esta actividad, porque sería imposible mantener algo que no tiene demanda, así de sencillo. Por lo tanto, resulta funesto que se quiera regular desde la función del Estado, o de las organizaciones civiles una manifestación artística cuyo consumo es el resultado de la decisión libre y soberana de una sociedad o de un pueblo en su conjunto.

El circo es el último espacio con un discurso blanco que existe sobre la faz de la tierra. En tiempos en los que estamos rodeados por una cinematografía y una televisión mayormente para adultos con lenguajes excedidos e imágenes que distorsionan la mentalidad de los niños, con una ley que prohíba los animales en los circos, apagaremos el último reducto de la diversión familiar y sobretodo infantil, un lugar donde el payaso es transparente y su discurso está montado en lo más puro de la risa humana. En este contexto resulta triste reflexionar que aquellos seres que se dedicaron por generaciones a producir la diversión del ser humano en su paso por la tierra, se encuentren hoy en el banquillo de los acusados, cuando los que realmente deben estar perseguidos por sus acciones criminales o de destrucción social se encuentran libres en la calle.

¿Dónde se encuentra la lógica de la legislación contemporánea?
Los invito a analizar lo qué ha sucedido precisamente en aquellas naciones donde se instrumentaron leyes para prohibir el uso de animales en los circos, y llegaremos a la terrible conclusión de que lo que se mató fue a la sociedad circense tradicional y al circo como espacio de diversión familiar. Es decir, legislaciones así no sólo desaparecen al animal sino desaparecen en su totalidad una actividad milenaria fundamentada en generar la diversión de los demás, lanzando al mercado de trabajo y de la noche a la mañana a miles de seres humanos que lo único que aprendieron fue el oficio que les enseñaron sus padres por generaciones.

Como Centro de Mexicano de Desarrollo de las Artes Circenses, y amantes de la diversidad en la actividad circense, apoyamos todas las nuevas alternativas artísticas circenses que están surgiendo en el mundo producto de un deseo de transformación de nuestras actividades artísticas y estéticas, pero nos proclamamos porque exista también un circo con animales bien tratados como fundamento necesario para un futuro próspero y diversificado de este arte.

Fuente: Julio Revolledo Cárdenas, Director del Centro Mexicano de Desarrollo de las Artes Circenses, Universidad Mesoamericana de Puebla

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