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Volando bajo la cúpula. Prólogo a "Pinito del Oro. Memorias de una trapecista"

No es ésta la primera biografía de un artista de circo español. Con anterioridad a la presente, hemos podido leer en castellano las vidas de los payasos Ramper, Charlie Rivel o Miliki, del ventrílocuo Vences, del faquir Daja Tarto, de la trapecista Miss Mara, del mentalista Fassman o del equilibrista Eduardo Cardenal.

Tampoco es éste el primer libro escrito por Pinito del Oro. La excepcional trapecista también ha brillado como prolífica escritora con seis libros publicados hasta el momento entre novelas, recopilaciones de cuentos e incluso un ensayo sobre técnica del trapecio.
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Noticias

Un libro desvela la historia del payaso Marcelino (ES)

14-11-2017

Mariano García, ante un cartel original de 1913 de un espectáculo de Marcelino.

Marceline fue, a comienzos del siglo XX, el más célebre de los ‘clowns’. Un artista al que aclamaron millones de personas que lo vieron actuar en Londres primero y luego en Nueva York y que inspiraría a otros gigantes del espectáculo, Charlie Chaplin incluido. Cuando su estrella se apagó -entre otras cosas, por no haberse enganchado a tiempo al carro del cine que entonces echaba a rodar-, encarnó como pocos el mito del payaso triste: acabó sus días, arruinado y solo, suicidándose en 1927 en la habitación de un hotel. Muy celoso de su intimidad (solía jugar al despiste con la prensa), Marceline había mencionado en alguna entrevista su origen español; sin más precisiones. Pasaron casi cien años hasta que un trabajo periodístico de Mariano García en este diario estableció su filiación: ese Marceline fue un jaqués, Marcelino Orbés Casanova, nacido en 1873. La clave estaba en un documento conservado en la isla de Ellis, el punto de entrada de los inmigrantes a la Gran Manzana, por la que había pasado en 1916, a la vuelta de un viaje en Cuba.

Tras la serie de reportajes en 2004, Mariano García ha seguido investigando largamente sobre este personaje, sobre su cara brillante pero también sobre sus oscuridades, hasta desentrañar los enigmas de su biografía. El resultado es el libro que se presenta en el museo Pablo Serrano, en Zaragoza: ‘Marcelino. El mejor payaso del mundo’. El acto está convocado a las 19.30, lo preside el director general de Cultura y Patrimonio del Gobierno aragonés, Ignacio Escuín, y en él intervendrán el también periodista de HERALDO Ramón J. Campo y el editor de Mira, Joaquín Casanova.

"El libro tiene mucho de periodístico -dice el autor-. Prescindiendo de las notas a pie de página para quienes quieran profundizar, es un reportaje amplio sobre la vida de Marcelino. Desde su periodo de formación hasta que llega a Londres y triunfa en 1900, con 27 años, y se convierte esas Navidades en la figura más importante de la cartelera británica. Luego, en Nueva York, entre 1905 y 1912, fue la principal estrella del Hippodrome, el teatro más grande del mundo. Tenía más de 5.000 localidades y se llenaban dos funciones al día: con espectáculos de tres horas en los que actuaban los mejores cantantes y ballets, un gran tanque para escenas acuáticas, hasta 400 personas en escena... Le veían unas 250.000 personas al mes. Era tan popular que fue noticia en ‘The New York Times’ que un día perdiera la peluca en plena actuación. Tanto que, igual que de Charlot nos ha legado una palabra, ‘charlotada’, Marcelino inspiró un verbo, ‘to marceline’, ‘marcelinear’, en referencia a un número de circo en el que simulaba querer ayudar a desmontar la pista pero solo estorbaba, sin hacer nada; el mismo ‘The New York Times’ lo usó en un artículo" .

Auge, caída y mitos

‘Marcelino. El mejor payaso del mundo’ narra y documenta su gloria, y asimismo su caída, sin cumplir el sueño de volver a España y recorrerla con un circo casi familiar: su soledad, la ruina de sus negocios, su incapacidad de adaptarse a la popularización del cine, su muerte en Nueva York, disparándose con una pistola que compró seguramente empeñando lo único de valor que le quedaba, un alfiler de corbata. Fruto de la pasión y la voraz curiosidad del autor, el libro, además, se desborda pronto para convertirse en una historia de la época dorada del circo, cuando su reclamo llenaba los mayores teatros y las principales compañías, con gigantescas carpas, hasta tres pistas y cientos de personas en escena, se trasladaban en varios trenes de una ciudad a otra. Es la fascinante historia de un mundo desaparecido.

Mariano García no elude el mito del payaso triste, para desmontarlo: "Que la persona que nos hace reír tenga una vida atormentada resulta atractivo, muy literario. Y es innegable que Marcelino hizo reír a millones de personas y acabó suicidándose. Pero tan innegable como esto o como suicidios más recientes, como el de Manuel Villa, el pequeño de los hermanos Tonetti, es que los estudios demuestran que en el mundo del espectáculo son más comunes los suicidios entre productores, actores o estrellas de rock". Pone también entre interrogantes la afirmación, muy difundida, de que Marcelino inspiró a Charlot sus celebérrimos gags con el bastón. Un periodista, dando noticia de su entierro, la difundió. Pero ni Chaplin -que sí lo reconoció como un maestro- ni el propio payaso jaqués parece que lo respaldaron. "Sea o no verdad, es lo de menos; lo importante es que Marcelino, durante casi ocho años, fue la primera figura teatral en Nueva York, que era la capital mundial del espectáculo". 

Marceline fue, a comienzos del siglo XX, el más célebre de los ‘clowns’. Un artista al que aclamaron millones de personas que lo vieron actuar en Londres primero y luego en Nueva York y que inspiraría a otros gigantes del espectáculo, Charlie Chaplin incluido. Cuando su estrella se apagó -entre otras cosas, por no haberse enganchado a tiempo al carro del cine que entonces echaba a rodar-, encarnó como pocos el mito del payaso triste: acabó sus días, arruinado y solo, suicidándose en 1927 en la habitación de un hotel. Muy celoso de su intimidad (solía jugar al despiste con la prensa), Marceline había mencionado en alguna entrevista su origen español; sin más precisiones. Pasaron casi cien años hasta que un trabajo periodístico de Mariano García en este diario estableció su filiación: ese Marceline fue un jaqués, Marcelino Orbés Casanova, nacido en 1873. La clave estaba en un documento conservado en la isla de Ellis, el punto de entrada de los inmigrantes a la Gran Manzana, por la que había pasado en 1916, a la vuelta de un viaje en Cuba.
Tras la serie de reportajes en 2004, Mariano García ha seguido investigando largamente sobre este personaje, sobre su cara brillante pero también sobre sus oscuridades, hasta desentrañar los enigmas de su biografía. El resultado es el libro que se presenta en el museo Pablo Serrano, en Zaragoza: ‘Marcelino. El mejor payaso del mundo’. El acto está convocado a las 19.30, lo preside el director general de Cultura y Patrimonio del Gobierno aragonés, Ignacio Escuín, y en él intervendrán el también periodista de HERALDO Ramón J. Campo y el editor de Mira, Joaquín Casanova.
"El libro tiene mucho de periodístico -dice el autor-. Prescindiendo de las notas a pie de página para quienes quieran profundizar, es un reportaje amplio sobre la vida de Marcelino. Desde su periodo de formación hasta que llega a Londres y triunfa en 1900, con 27 años, y se convierte esas Navidades en la figura más importante de la cartelera británica. Luego, en Nueva York, entre 1905 y 1912, fue la principal estrella del Hippodrome, el teatro más grande del mundo. Tenía más de 5.000 localidades y se llenaban dos funciones al día: con espectáculos de tres horas en los que actuaban los mejores cantantes y ballets, un gran tanque para escenas acuáticas, hasta 400 personas en escena... Le veían unas 250.000 personas al mes. Era tan popular que fue noticia en ‘The New York Times’ que un día perdiera la peluca en plena actuación. Tanto que, igual que de Charlot nos ha legado una palabra, ‘charlotada’, Marcelino inspiró un verbo, ‘to marceline’, ‘marcelinear’, en referencia a un número de circo en el que simulaba querer ayudar a desmontar la pista pero solo estorbaba, sin hacer nada; el mismo ‘The New York Times’ lo usó en un artículo" .
Auge, caída y mitos
‘Marcelino. El mejor payaso del mundo’ narra y documenta su gloria, y asimismo su caída, sin cumplir el sueño de volver a España y recorrerla con un circo casi familiar: su soledad, la ruina de sus negocios, su incapacidad de adaptarse a la popularización del cine, su muerte en Nueva York, disparándose con una pistola que compró seguramente empeñando lo único de valor que le quedaba, un alfiler de corbata. Fruto de la pasión y la voraz curiosidad del autor, el libro, además, se desborda pronto para convertirse en una historia de la época dorada del circo, cuando su reclamo llenaba los mayores teatros y las principales compañías, con gigantescas carpas, hasta tres pistas y cientos de personas en escena, se trasladaban en varios trenes de una ciudad a otra. Es la fascinante historia de un mundo desaparecido.
Mariano García no elude el mito del payaso triste, para desmontarlo: "Que la persona que nos hace reír tenga una vida atormentada resulta atractivo, muy literario. Y es innegable que Marcelino hizo reír a millones de personas y acabó suicidándose. Pero tan innegable como esto o como suicidios más recientes, como el de Manuel Villa, el pequeño de los hermanos Tonetti, es que los estudios demuestran que en el mundo del espectáculo son más comunes los suicidios entre productores, actores o estrellas de rock". Pone también entre interrogantes la afirmación, muy difundida, de que Marcelino inspiró a Charlot sus celebérrimos gags con el bastón. Un periodista, dando noticia de su entierro, la difundió. Pero ni Chaplin -que sí lo reconoció como un maestro- ni el propio payaso jaqués parece que lo respaldaron. "Sea o no verdad, es lo de menos; lo importante es que Marcelino, durante casi ocho años, fue la primera figura teatral en Nueva York, que era la capital mundial del espectáculo". 
Marceline fue, a comienzos del siglo XX, el más célebre de los ‘clowns’. Un artista al que aclamaron millones de personas que lo vieron actuar en Londres primero y luego en Nueva York y que inspiraría a otros gigantes del espectáculo, Charlie Chaplin incluido. Cuando su estrella se apagó -entre otras cosas, por no haberse enganchado a tiempo al carro del cine que entonces echaba a rodar-, encarnó como pocos el mito del payaso triste: acabó sus días, arruinado y solo, suicidándose en 1927 en la habitación de un hotel. Muy celoso de su intimidad (solía jugar al despiste con la prensa), Marceline había mencionado en alguna entrevista su origen español; sin más precisiones. Pasaron casi cien años hasta que un trabajo periodístico de Mariano García en este diario estableció su filiación: ese Marceline fue un jaqués, Marcelino Orbés Casanova, nacido en 1873. La clave estaba en un documento conservado en la isla de Ellis, el punto de entrada de los inmigrantes a la Gran Manzana, por la que había pasado en 1916, a la vuelta de un viaje en Cuba.
Tras la serie de reportajes en 2004, Mariano García ha seguido investigando largamente sobre este personaje, sobre su cara brillante pero también sobre sus oscuridades, hasta desentrañar los enigmas de su biografía. El resultado es el libro que se presenta en el museo Pablo Serrano, en Zaragoza: ‘Marcelino. El mejor payaso del mundo’. El acto está convocado a las 19.30, lo preside el director general de Cultura y Patrimonio del Gobierno aragonés, Ignacio Escuín, y en él intervendrán el también periodista de HERALDO Ramón J. Campo y el editor de Mira, Joaquín Casanova.
"El libro tiene mucho de periodístico -dice el autor-. Prescindiendo de las notas a pie de página para quienes quieran profundizar, es un reportaje amplio sobre la vida de Marcelino. Desde su periodo de formación hasta que llega a Londres y triunfa en 1900, con 27 años, y se convierte esas Navidades en la figura más importante de la cartelera británica. Luego, en Nueva York, entre 1905 y 1912, fue la principal estrella del Hippodrome, el teatro más grande del mundo. Tenía más de 5.000 localidades y se llenaban dos funciones al día: con espectáculos de tres horas en los que actuaban los mejores cantantes y ballets, un gran tanque para escenas acuáticas, hasta 400 personas en escena... Le veían unas 250.000 personas al mes. Era tan popular que fue noticia en ‘The New York Times’ que un día perdiera la peluca en plena actuación. Tanto que, igual que de Charlot nos ha legado una palabra, ‘charlotada’, Marcelino inspiró un verbo, ‘to marceline’, ‘marcelinear’, en referencia a un número de circo en el que simulaba querer ayudar a desmontar la pista pero solo estorbaba, sin hacer nada; el mismo ‘The New York Times’ lo usó en un artículo" .
Auge, caída y mitos
‘Marcelino. El mejor payaso del mundo’ narra y documenta su gloria, y asimismo su caída, sin cumplir el sueño de volver a España y recorrerla con un circo casi familiar: su soledad, la ruina de sus negocios, su incapacidad de adaptarse a la popularización del cine, su muerte en Nueva York, disparándose con una pistola que compró seguramente empeñando lo único de valor que le quedaba, un alfiler de corbata. Fruto de la pasión y la voraz curiosidad del autor, el libro, además, se desborda pronto para convertirse en una historia de la época dorada del circo, cuando su reclamo llenaba los mayores teatros y las principales compañías, con gigantescas carpas, hasta tres pistas y cientos de personas en escena, se trasladaban en varios trenes de una ciudad a otra. Es la fascinante historia de un mundo desaparecido.
Mariano García no elude el mito del payaso triste, para desmontarlo: "Que la persona que nos hace reír tenga una vida atormentada resulta atractivo, muy literario. Y es innegable que Marcelino hizo reír a millones de personas y acabó suicidándose. Pero tan innegable como esto o como suicidios más recientes, como el de Manuel Villa, el pequeño de los hermanos Tonetti, es que los estudios demuestran que en el mundo del espectáculo son más comunes los suicidios entre productores, actores o estrellas de rock". Pone también entre interrogantes la afirmación, muy difundida, de que Marcelino inspiró a Charlot sus celebérrimos gags con el bastón. Un periodista, dando noticia de su entierro, la difundió. Pero ni Chaplin -que sí lo reconoció como un maestro- ni el propio payaso jaqués parece que lo respaldaron. "Sea o no verdad, es lo de menos; lo importante es que Marcelino, durante casi ocho años, fue la primera figura teatral en Nueva York, que era la capital mundial del espectáculo". 
Marceline fue, a comienzos del siglo XX, el más célebre de los ‘clowns’. Un artista al que aclamaron millones de personas que lo vieron actuar en Londres primero y luego en Nueva York y que inspiraría a otros gigantes del espectáculo, Charlie Chaplin incluido. Cuando su estrella se apagó -entre otras cosas, por no haberse enganchado a tiempo al carro del cine que entonces echaba a rodar-, encarnó como pocos el mito del payaso triste: acabó sus días, arruinado y solo, suicidándose en 1927 en la habitación de un hotel. Muy celoso de su intimidad (solía jugar al despiste con la prensa), Marceline había mencionado en alguna entrevista su origen español; sin más precisiones. Pasaron casi cien años hasta que un trabajo periodístico de Mariano García en este diario estableció su filiación: ese Marceline fue un jaqués, Marcelino Orbés Casanova, nacido en 1873. La clave estaba en un documento conservado en la isla de Ellis, el punto de entrada de los inmigrantes a la Gran Manzana, por la que había pasado en 1916, a la vuelta de un viaje en Cuba.
Tras la serie de reportajes en 2004, Mariano García ha seguido investigando largamente sobre este personaje, sobre su cara brillante pero también sobre sus oscuridades, hasta desentrañar los enigmas de su biografía. El resultado es el libro que se presenta en el museo Pablo Serrano, en Zaragoza: ‘Marcelino. El mejor payaso del mundo’. El acto está convocado a las 19.30, lo preside el director general de Cultura y Patrimonio del Gobierno aragonés, Ignacio Escuín, y en él intervendrán el también periodista de HERALDO Ramón J. Campo y el editor de Mira, Joaquín Casanova.
"El libro tiene mucho de periodístico -dice el autor-. Prescindiendo de las notas a pie de página para quienes quieran profundizar, es un reportaje amplio sobre la vida de Marcelino. Desde su periodo de formación hasta que llega a Londres y triunfa en 1900, con 27 años, y se convierte esas Navidades en la figura más importante de la cartelera británica. Luego, en Nueva York, entre 1905 y 1912, fue la principal estrella del Hippodrome, el teatro más grande del mundo. Tenía más de 5.000 localidades y se llenaban dos funciones al día: con espectáculos de tres horas en los que actuaban los mejores cantantes y ballets, un gran tanque para escenas acuáticas, hasta 400 personas en escena... Le veían unas 250.000 personas al mes. Era tan popular que fue noticia en ‘The New York Times’ que un día perdiera la peluca en plena actuación. Tanto que, igual que de Charlot nos ha legado una palabra, ‘charlotada’, Marcelino inspiró un verbo, ‘to marceline’, ‘marcelinear’, en referencia a un número de circo en el que simulaba querer ayudar a desmontar la pista pero solo estorbaba, sin hacer nada; el mismo ‘The New York Times’ lo usó en un artículo" .
Auge, caída y mitos
‘Marcelino. El mejor payaso del mundo’ narra y documenta su gloria, y asimismo su caída, sin cumplir el sueño de volver a España y recorrerla con un circo casi familiar: su soledad, la ruina de sus negocios, su incapacidad de adaptarse a la popularización del cine, su muerte en Nueva York, disparándose con una pistola que compró seguramente empeñando lo único de valor que le quedaba, un alfiler de corbata. Fruto de la pasión y la voraz curiosidad del autor, el libro, además, se desborda pronto para convertirse en una historia de la época dorada del circo, cuando su reclamo llenaba los mayores teatros y las principales compañías, con gigantescas carpas, hasta tres pistas y cientos de personas en escena, se trasladaban en varios trenes de una ciudad a otra. Es la fascinante historia de un mundo desaparecido.
Mariano García no elude el mito del payaso triste, para desmontarlo: "Que la persona que nos hace reír tenga una vida atormentada resulta atractivo, muy literario. Y es innegable que Marcelino hizo reír a millones de personas y acabó suicidándose. Pero tan innegable como esto o como suicidios más recientes, como el de Manuel Villa, el pequeño de los hermanos Tonetti, es que los estudios demuestran que en el mundo del espectáculo son más comunes los suicidios entre productores, actores o estrellas de rock". Pone también entre interrogantes la afirmación, muy difundida, de que Marcelino inspiró a Charlot sus celebérrimos gags con el bastón. Un periodista, dando noticia de su entierro, la difundió. Pero ni Chaplin -que sí lo reconoció como un maestro- ni el propio payaso jaqués parece que lo respaldaron. "Sea o no verdad, es lo de menos; lo importante es que Marcelino, durante casi ocho años, fue la primera figura teatral en Nueva York, que era la capital mundial del espectáculo". Marceline fue, a comienzos del siglo XX, el más célebre de los ‘clowns’. Un artista al que aclamaron millones de personas que lo vieron actuar en Londres primero y luego en Nueva York y que inspiraría a otros gigantes del espectáculo, Charlie Chaplin incluido. Cuando su estrella se apagó -entre otras cosas, por no haberse enganchado a tiempo al carro del cine que entonces echaba a rodar-, encarnó como pocos el mito del payaso triste: acabó sus días, arruinado y solo, suicidándose en 1927 en la habitación de un hotel. Muy celoso de su intimidad (solía jugar al despiste con la prensa), Marceline había mencionado en alguna entrevista su origen español; sin más precisiones. Pasaron casi cien años hasta que un trabajo periodístico de Mariano García en este diario estableció su filiación: ese Marceline fue un jaqués, Marcelino Orbés Casanova, nacido en 1873. La clave estaba en un documento conservado en la isla de Ellis, el punto de entrada de los inmigrantes a la Gran Manzana, por la que había pasado en 1916, a la vuelta de un viaje en Cuba.Tras la serie de reportajes en 2004, Mariano García ha seguido investigando largamente sobre este personaje, sobre su cara brillante pero también sobre sus oscuridades, hasta desentrañar los enigmas de su biografía. El resultado es el libro que se presenta en el museo Pablo Serrano, en Zaragoza: ‘Marcelino. El mejor payaso del mundo’. El acto está convocado a las 19.30, lo preside el director general de Cultura y Patrimonio del Gobierno aragonés, Ignacio Escuín, y en él intervendrán el también periodista de HERALDO Ramón J. Campo y el editor de Mira, Joa

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Fuente: El Heraldo